Bajo su manto se refugiaron las esperanzas de un pueblo que, invocando la protección divina, se atrevió a romper sus cadenas.” La Inmaculada Concepción ocupa un lugar privilegiado en la iconografía de la Independencia. Representa la fe que permaneció inalterable en medio del caos de la guerra. Este lienzo evoca los momentos de oración antes de las grandes batallas, donde generales y soldados por igual buscaban en su imagen la fortaleza para enfrentar el destino. En una época donde la religión y el patriotismo caminaban de la mano, la Virgen Inmaculada fue el símbolo de la pureza de una causa que buscaba la justicia y la dignidad humana. Su presencia en esta galería nos invita a reflexionar sobre la fuerza espiritual que sostuvo a los héroes anónimos de nuestra gesta libertadora.