Bajo los cielos encendidos del llano, las aguas del río Tame fueron testigos del nacimiento de un ejército invencible. No eran solo soldados de línea; eran cerca de 3.800 almas unidas por una misma promesa de libertad. Al frente, la mirada firme de los líderes señalaba el camino hacia la cordillera, pero la verdadera fuerza de esta gesta marchaba con el agua a las rodillas.
Allí avanzaban los pioneros de la resistencia llanera: hombres de lanza y valor como Ramón Nonato Pérez, Juan Nepomuceno Moreno y el audaz Fray Ignacio Mariño, portadores de la indignación por el sacrificio de los jóvenes Cadena y Rosillo en Pore. Y junto a ellos, desafiando la corriente con igual dignidad y fortaleza, marchaban ‘Las Voluntarias’ o ‘Juanas’. Aquellas valientes mujeres que no solo asistieron al Ejército Patriota, sino que definieron con su arraigo y su sangre el destino histórico de nuestra emancipación. Cruzar el Tame no fue solo atravesar un río; fue la marcha unida de un pueblo entero que decidió que la libertad era un camino sin retorno.