El último día de mi vida será el primero en que la Nueva Granada no me verá ocupado de su libertad”.
En este busto, el uniforme militar es apenas la corteza de un espíritu jurídico. Santander es el rostro del orden en medio del caos de la guerra. Mientras otros buscaban la gloria efímera del campo de batalla, él buscaba la permanencia de la ley. Su ceño fruncido no es de cólera, sino de la concentración del administrador que sabe que una nación no se construye solo con valientes, sino con ciudadanos que respetan las normas. Aquí yace el hombre que nos enseñó que la verdadera libertad nace del cumplimiento del deber.