En el corazón de Machetá, una joven de apenas dieciséis años se convirtió en el ángel guardián de la libertad. Candelaria Forero, una de aquellas ‘Juanas’ que la historia a veces intenta desdibujar, fue mucho más que una mensajera: fue el aliento de vida para las guerrillas de los Almeida. Entre trochas y pantanos, Candelaria burló el asedio español para llevar armas, ropa y esperanza a quienes luchaban en la espesura. Su captura a tan corta edad no detuvo su espíritu; frente al pelotón de fusilamiento en 1817, su sangre joven regó la plaza de su pueblo, transformando su nombre en una llama eterna que hoy ilumina a todo un municipio. Candelaria nos enseña que para amar a la patria no hace falta una larga vida, sino un corazón inmenso.