Deténgase ante la representación del hombre que pagó con su propia libertad el derecho a hacernos libres.
Esta escultura de bronce inmortaliza a Antonio Nariño, el Precursor de la Independencia de la Nueva Granada. A diferencia de otros jefes militares cuyas obras exaltan únicamente la gloria del combate, esta figura equilibra con maestría la dualidad de su vida: la espada del estratega en su mano izquierda y el libro del pensador en la derecha.
El libro cerrado que sostiene contra su costado es el símbolo de una mente insumisa. Evoca su legendaria biblioteca privada y la Imprenta Patriótica donde, en 1793, tradujo e imprimió de forma clandestina la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, encendiendo la chispa ideológica de la emancipación. Pero también representa los saberes proscritos de Voltaire o Rousseau que debatía en su sociedad secreta, y los textos científicos que le fueron confiscados por la Corona. Su mirada firme y su postura severa reflejan el temple de un patriota indomable que sobrevivió a condiciones extremas en tres periodos de cautiverio entre Cartagena y Cádiz, y que prefirió entregarse en Pasto antes que permitir una masacre de sus hombres. Esta obra rinde tributo al mártir que demostró que el arma más peligrosa contra la tiranía es el conocimiento.