Bajo el humilde disfraz de una costurera que recorría las casas de la alta sociedad realista, se ocultaba la mente más audaz de la inteligencia patriota: Policarpa Salavarrieta. Conocida como ‘La Pola’, esta joven de misterioso origen y voluntad de acero transformó el hilo y la aguja en herramientas de subversión, filtrando secretos militares y armando redes de escape desde el corazón de la Bogotá ocupada. Ni el asedio de la viruela que marcó su infancia, ni las amenazas del régimen de Sámano pudieron quebrar su espíritu. Al caminar hacia el patíbulo con paso firme y voz vibrante, no buscó piedad, sino despertar la conciencia de un pueblo dormido. Su grito final —¡Vea qué distinta sería hoy su suerte si conocieran el precio de la libertad!— dejó de ser un lamento para convertirse en el himno de fuego que incendió el camino hacia la victoria definitiva.